Pasar al contenido principal

EXPOSICIÓN ‘PULGAR’ de Mónica Mays

En el marco del programa 'Abierto x Obras'

Mónica Mays (Madrid, 1990) presenta una nueva serie de esculturas que trazan los rastros de memoria y combustión desde Ribera de Curtidores hasta la Nave 0, donde refrigeración, instrumentalización del cuerpo y fuego colisionan en la arquitectura del espacio expositivo

Accesibilidad

Movilidad reducida

0
Actividad Finalizada

Fecha

Hasta 24 mayo

Horario

  • Martes a jueves de 17 a 21h.
  • Viernes, sábados, domingos y festivos de 12 a 21h.
  • Lunes cerrado

Espacio

Nave 0

Precio

Entrada libre hasta completar aforo

Categoría

Formato

Institución

Matadero Madrid

Pulgar es la primera muestra individual de Mónica Mays en una institución española. Concebida para la Nave 0 de Matadero Madrid, la exposición se articula como un ensamblaje de objetos e historias que activa relaciones entre resto y transmisión.


Mays investiga cómo afecto, violencia y deseo circulan a través del mito y la materia. Sus obras no buscan representar ni explicar, sino sostener formas de contacto con aquello que resiste ser traducido. Componentes industriales conviven con fragmentos domésticos, materiales orgánicos y elementos ligados a lo ritual. Estas combinaciones encarnan tensiones entre economía material y vida afectiva en configuraciones exuberantes e inquietantes.


El antiguo Matadero resuena con esta lógica. Fue infraestructura de gestión de cuerpos y residuos; los recorridos de las reses hacia las curtidurías dejaron rastros de sangre que dieron nombre a El Rastro, mercado de objetos usados. Ese tránsito entre sacrificio, resto y circulación material atraviesa la exposición.


Un trasfondo de catolicismo material aparece como tecnología del cuerpo. Mays incorpora bancos y reclinatorios de iglesias vaciadas: superficies desgastadas por fricción repetida que funcionan como archivos táctiles. Dialogan con prácticas medievales de devoción descritas por Elvia Wilk, centradas en la contemplación de heridas y la proximidad imaginaria al cuerpo sangrante. En Mays, la herida ya no es divina, pero si estructural.


Las esculturas surgen de tensiones físicas: gravedad, presión, combustión. Pieles, ceras y resinas se extienden sobre intercambiadores de calor, introduciendo una imagen de relación sin fusión. Siguiendo la idea de ensamblaje, las partes conservan identidad mientras producen juntas una situación común.


Estructuras de cartón, pallets y espejos sostienen las piezas, evidenciando operaciones de clasificación y valor. La luz de farolas de sodio retiradas del espacio urbano genera una atmósfera entre lo industrial y lo devocional, donde la visibilidad se vuelve parcial. Algunas obras se encapsulan en jaulas de Faraday, donde protección y encierro se confunden.
 

Pulgar funciona como una máquina escénico-material. No narra; produce una situación perceptiva. Las formas se sostienen en equilibrios precarios, entre atracción y repulsión. La apertura como herida, como lugar de paso, insiste en que lo interior y lo exterior nunca estuvieron realmente separados. Lo que está dentro ya está fuera, y lo que está fuera ya ha penetrado.


Mónica Mays (1990, España) vive y trabaja en Madrid. Su práctica artística abarca la escultura y la instalación, entrelazando la autobiografía, el proceso material y el archivo histórico. Sus piezas se componen de ensamblajes que adoptan la forma de objetos domésticos animados que se desbordan, se distorsionan o se encuentran en proceso de transmutación. Inspirándose en el horror corporal católico y la iconografía barroca, ha trabajado con el exceso, la ornamentación y la exuberancia como estados en los que pueden existir el intermedio y la opacidad del significad